En un pequeño pueblo del atlántico, vivía un hombre al cual apodaban el parrandero, ya que la mayor parte de su tiempo la pasaba en “rumbas” (de fiesta en fiesta). Este hombre era muy querido en su pueblo, motivo a que este pagaba todas las cuentas y les regalaba dinero a las personas que lo acompañaban. La gente lo buscaba mucho y todo el mundo quería estar con él. Este hombre parrandero era padrino de casi todas las fiestas que se realizaban en el pueblo, bautizos, matrimonios, primeras comuniones y confirmaciones.
Una mañana el parrandero se dispuso a tomarse unas cervezas en la cantina, al llegar a esta se encontró con varios amigos que lo invitaron a sentarse junto a ellos.
El parrandero muy contento acepto la invitación.
Los amigos de parranda festejaban todo lo que el parrandero hacía, si contaba chistes así fuesen muy malos se reían a carcajadas, si bailaba le aplaudían, si cantaba lo escuchaban, si en medio de una borrachera se desvestía; de igual manera a nadie le importaba en realidad, lo único que a la gente le interesaba era que el hombre parrandero pagara todas las cervezas.
Este hombre era tan popular que sentía sentimientos de grandeza cuando consumía alcohol y tenía la billetera cargada de dinero, en realidad sufría hasta cambios en su personalidad, solía ser más extrovertido, cosa que no era cuando estaba lucido, se podría decir que su seguridad era más estructurada estando ebrio que cuando estaba sobrio.
Pero un día sucedió algo inesperado, el hombre parrandero había gastado tanto dinero en “rumbas” que sus cuentas de ahorros estaban completamente vacías y para vasto lo habían despedido del empleo por llegar borracho, mejor dicho el hombre parrandero estaba completamente arruinado.
Al darse cuenta de este suceso el parrandero se vio obligado a buscar ayuda de sus amigos de parranda, camino un poco más de 15 minutos hasta llegar a la plaza del pueblo donde estos se encontraban festejando las fiestas de santa Ana, al verlo sus amigos exclamaron:
—hola hombre parrandero, como te va ven aquí y festeja con nosotros
Y este contesto:
—hola que gusto me da en verlos, para mi será un placer acompañarlos.
El parrandero después de 8 cervezas no paraba de llorar, lo único en que hablaba era de su mala racha en la que estaba pasando, sin pensar en la consecuencia les conto a sus “amigos” toda su desdicha, a los que estos dijeron:
— ¡como así que ya no tienes dinero, eso quiere decir que no pagaras más las cervezas!
El parrandero un poco sorprendido expreso.
—Bueno esto solo será por unas semanas pero les prometo que seré el mismo de siempre —y con voz alentadora les dijo— ¡yo soy Juanito olivares el hombre de las parrandas!
A los que todos festejaron con poco interés.
Al paso de los días el parrandero ya no era el alma de las fiestas, sus chistes no hacían reír a nadie, cuando cantaba la gente no le escuchaban y algunos divulgaban que tenía mal aliento, que ese hombre solo les hacía pasar vergüenza por sus comportamientos obscenos en estado de embriaguez. Y así poco a poco lo fueron omitiendo de las fiestas del pueblo en realidad para ellos el parrandero ya no era nadie.
El parrandero al darse cuenta de esto entro en un conflicto emocional muy fuerte, su figura de grandeza había desaparecido, su cartera estaba completamente vacía y todas las mujeres que quería, se esfumaron en su totalidad.
Ya no era aquel hombre poderoso, ese hombre que tenía el mundo a sus pies y que llamaba la atención de todas las personas del pueblo, ahora solo se sentía inferior a los demás y se había convertido en lo que más temía de él.
Esto llevo al parrandero a tomar una decisión inadecuada, una decisión de todo fracasado, la decisión más fácil.
Quitarse la vida.
Una tarde el parrandero caminaba solo por las calles de su pueblo, lloraba con profunda tristeza y abatimiento, lo único que quería era morir y dejar que su alma descansara de su dolor, estaba convencidos que él ya no era nadie. En ese instante observo un automóvil que venía a toda velocidad, y sin pensarlo dos veces toma la horrible decisión de lanzarse, causándole la muerte inmediata.
Han pasado 2 meses desde que el hombre parrandero murió, y en realidad nadie en el pueblo se a cuerda de él, todos sus “amigos” de parranda ya no lo recuerdan, viven su vida normal con sus familias y amigos y en lo único que se manifiesta en el pueblo es que existió un hombre estúpido que pagaba todas las cuentas y le daba dinero a sus “amigos” de parranda.
La decisión de este personaje, es lo que podemos ver hoy en día en las personas que deciden tomar el camino más fácil, en especial los jóvenes. Esto pasa cuando ponemos en primer lugar las opiniones externas ignorando lo que en realidad queremos, lo que en realidad somos como personas, lo que nos gusta , lo que queremos ser.
No seamos un espejo social que dependamos de las opiniones de otros y mucho menos mostrar los objetos materiales como fortalezas internas, ya que estas solo son momentáneas. Mostremos al mundo nuestras cualidades internas y en lo que somos capaces de hacer con ellas.
"el hombre que depende de la felicidad externa está condenado a vivir en un mar de tristeza y abatimiento, pero el que se sumerge y nada en sus mejores fortalezas vivirá siempre en victoria."