Una noche como cualquier otra, me encontraba sentado en una de las sillas de la universidad estudiando para mi examen de nómina en la que era un reto, ya que mi profesor exigía la nota máxima, en eso escuche una conversación de dos chicas de enfermería (lo sabía por su uniforme y el nombre de la carrera que llevaban escrito en la parte izquierda de tórax), en la que hablaban de una manera crítica y diría que demasiado ofensiva ya que utilizaban términos muy insultantes hacia su compañero de clases. La conversación de las chicas se enfocaba en un alumno de su aula que tal vez para ellas la apariencia física del joven no era la adecuada para dicha profesión, por la causa de que tenía tatuado casi todo su cuerpo, y en realidad no podía existir un enfermero con tatuajes. Para las estudiantes tanto para sus demás compañeros y profesores resultaba vergonzoso tener una persona de esa calaña en su profesión y de alguna manera había que avergonzarlo para que renunciara a sus estudios.
Al día siguiente me senté en una de las sillas de la parte de en frente al aula de enfermería, aunque ya habían iniciado sus clases me quede observando, bueno; quería conocer al protagonista de la mala conversación de las chicas del día anterior.
Al cabo de 10 o 15 minutos la profesora llamo a un estudiante de más o menos unos 25 años de edad de apariencia “rockera” con el cabello largo, aretes, piercing, y…, a decir verdad solo pude notar su color de piel por su rostro, claro está que era la única parte de su cuerpo que no estaba tatuada. La profesora lo ubico a su lado izquierdo, quedando frente a todos sus compañeros de clase y le manifestó:
—Julián tus compañeros y yo, tenemos una perplejidad contigo. Ya que para nosotros tu estilo no acopla con esta profesión. ¿Por qué decidiste estudiar enfermería?
Y prosiguió Julián:
—por responsabilidad “profe”.
— ¡Responsabilidad! Haber explícanos ¿cómo así que responsabilidad?
— Haber profe, —continuo Julián— me gusta el arte y mi talento es el dibujo, tengo pensado montar una empresa que se dedique a tatuar a todo tipo de personas, ignorando su clase social, religión o raza. Como todos sabemos esta es una profesión que requiere de mucha precaución, ya que se pueden contraer muchas enfermedades que pueden poner en riesgo las vida de las personas; entonces, por esos motivos, estos simple motivos, escogí esta maravillosa profesión.
En realidad si —yo— hubiese hablado mal de esa persona no dudaría en dejar salir mis lágrimas. Todos se quedaron admirados, —tanto que si en ese instante hubiera lanzado una aguja fuese sido escuchada con claridad—. De repente se escuchó un fuerte aplauso, gritos de gratitud y sin duda solo basto unos pocos segundos para enseñarles mucho a los que creen saberlo todo.
Nosotros como seres humanos muchas veces nos dejamos influenciar de las apariencias físicas o de la primera impresión que percibimos (efecto de halo),ignorando lo que verdaderamente importa de una persona, lo que va por dentro.
Nadim Bolívar