Estoy en una barca apacible,
rodeada de sueños que giran,
y suspiros que laten...
Me extiendo en el navío de la vida,
cruzada entre siglos y amores
versos que acarician,
y letras que nacen.
Palpo el agua de la eternidad,
es fría y tibia,
revuelta y calmada
limpia y turbia...
Las huellas de los pasos errados
y acertados se adhieren
a su humedad de paraíso verde.
Un ave de ingenuidad extrema
se posa sobre el mar promisorio,
este fenece entre las ramas de los sueños.
Los laureles lucen su elegancia.
Y el rostro de seriedad de intelecto posa su mirada,
en la estabilidad de la estancia que siempre espera,
en su abrazo de amores perpetuos.
Autor: Venus Maritza Hernández.
