Otras sombras se tienden sobre mí con todo el poderío del marasmo, y un astro se descompone en mitades que vienen y van en giro exagerado.
Estoy hablando con Van Gogh mirándose en la yerba con los colores de olvidar en su espalda.
Mi cuerpo no comprende al corcel que arrasa el techo amenazante.
El miedo en el viaje de la sangre no me dejará nunca la puerta, que lleva al silencio sin palabras.
La noche es un tapujo en mi nombre: se expande y abre los párpados un ritmo disonante que proscribe los cansancios.
No creo ser yo la persona de quien hablo, sin fechas, en incertidumbre, con oleadas de difíciles criaturas.
Me buscan y espantan.
Y no sé qué tamaño tendrá la devastación cuando me encuentren.
