Hay muchísimas formas por las que uno puede animarse a cambiar, modificando lo que se cree que se hace un poco mal, quizá después de muchos consejos ajenos, puede uno reflexionar, mas los sueños es una manera bastante peculiar para analizar.
Los hay cuando se haya uno mismo frente a frente a la muerte, que de alguna manera son cosas que producen aprensión, pero que a final de cuentas uno lo puede manejar.
Pero cuando de pronto las cosas se salen de control y el impacto emocional es tan fuerte, quedamos inmóviles como si se tratara de la realidad, como si verdaderamente estuviéramos sumergidos en esa pesadilla.
Y es que a nadie le gustaría estar enfrente de pronto a la imagen de uno de sus seres más queridos, que yace inerte, sin vida, pálida y prácticamente putrefacta en un lugar constantemente recorrido, donde podría en el más desgraciado caso, volverse fácilmente realidad.
En ese momento no hay cosa que hacer, ni se puede buscar explicación, simplemente no se puede llegar a entender ni creer lo que sucede, pero todo es tan real, que vamos cayendo en pedazos desde lo más profundo y sólido de nuestra alma.
Lo más maravilloso de todo es cuando uno vuelve en sí, aún contrariado, temeroso y destrozado de aquel increíble sueño, con una cosa en la mente, realmente no pasó, ahora me toca trascender al bien y el mal, y no esperar a que las desgracias sucedan para querer regresar el tiempo.
Y al fin, será mi meta, cada día ser un poco más bondadoso, más calido y cariñoso, por que en mi individualidad se me olvida su brillo, y mi egoísmo me nubla completo mi verdadero y sensible corazón. Todo lo que tengo, soy y el futuro que me depare si es que existe, será producto resultante de tu vida y tu crianza, de todo lo que vales, y que nunca como hijo ingrato podré llegar a agradecerte como lo mereces.
