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Noche de caza.

Publicado por Navaromix activado 5 Enero 2016, 16:17pm

Etiquetas: #cuentos

Y en la tormenta pálida salían a cazar cada noche para poder sobrevivir, como el pueblo lo venía haciendo desde el principio de los tiempos. Hace años llegué a comprender que esta lucha fraticida estaba lejos de llegar a su fin. Desde entonces me había convertido en un observador que, a su modo, intentaba librar de esa locura a aquellos que, por la tradición se veían obligados a luchar a muerte en una guerra de la que tan siquiera conocían el motivo.

Esa noche no era distinta de tantas otras, me encontraba escondido entre los árboles con la lluvia resbalando por mi pelo hasta mi rostro. Las antorchas marcaban la localización de aquellos guerreros. Para algunos era la primera caza, para muchos sería la última.

Me acerqué más a ellos. Descubrí que mi raza ya había tomado posiciones. Los humanos jamás comprenderían que aquella caza absurda era servirse como comida en bandeja a sus presas. Los míos les ofrecían como premio de consolación la muerte de algún que otro vampiro recién convertido a cambio de la sangre de decenas de guerreros. Para mi raza era un divertido juego al que nuestras presas se prestaban creyéndose héroes protegiendo a su clan.

Seguí acercándome esperando el comienzo de la batalla. Reconocí dos rostros nuevos, el de una joven doncella y, a su lado, él que debía ser su hermano, un joven que apenas tendría quince años. Esa noche procuraría que su vida ni acabase allí ni perdurase toda la eternidad.

Manteniendo una distancia que consideré prudente me esforcé en no perderlos de vista sin que nadie advirtiese mi presencia. La tensión se acrecentaba a cada segundo, quedaba poco para que los supuestos cazadores llegasen al punto establecido por los míos para atacar. Si quería que aquellos hombres tuviesen alguna oportunidad debería iniciar la lucha antes de lo previsto.

Aprovechando que el joven se había quedado rezagado me lancé sobre él dándole tiempo suficiente para que profiriese un grito de alerta. Su hermana se giró al instante. Golpeé su cabeza dejándole inconsciente y lancé su cuerpo lejos de allí. El grupo entero me miraba paralizado por el miedo sin que ninguno fuese capaz de iniciar un ataque, ninguno salvo la doncella. En cuestión de segundos la ira que se había apoderado de ella hizo que se abalanzase sobre mí intentando cortar mi cabeza con su espada. Con un giro de mi cuerpo logré evitar el golpe. Acto seguido corrí en dirección al lugar donde yacía el joven, lo cogí y transportándolo sobre mis hombros, me alejé del sitio donde ya había comenzado la batalla. La doncella me persiguió.

Logré sacarle delantera, aunque fui cuidadoso dejando pistas para que pudiese descubrirme sin problemas. Una vez en mi guarida recosté al joven en la cama y esperé sentado en la mecedora la llegada de su hermana.

Tardó una hora escasa en dar con el lugar. Abrió la puerta con fuerza decidida a acabar con mi vida. Me levanté acercándome a ella despacio. Me miraba con la respiración agitada pensando que ese era el final de su vida y, tan siquiera había logrado que no fuese el de su hermano. Avancé hasta alcanzar su espada para quitársela de la mano. Cerré la puerta a sus espaldas dejando el arma apoyada en el quicio.

Ella continuaba inmóvil, creyéndose vencida, mirando ahora al cuerpo de su hermano con compasión. Puse mi mano en su espalda delicadamente para hacerla avanzar hacia la mesa. Allí le esperaba un plato de sopa caliente y en la silla ropa seca. Fue entonces cuando comprendió que yo no buscaba su muerte.

Una vez restituidas sus fuerzas le expliqué la verdadera situación. Cada noche su clan elegía a unos cuantos guerreros a los que enviaba a una carnicería disfrazándolo de gloriosa batalla por la supervivencia de su pueblo. Eran sacrificios aceptados por mi raza a cambio de no matar dentro de la ciudad. Así había sido acordado antaño y así seguía siendo. Elaida, la joven doncella, comprendió que si volvía con los suyos la enviarían cada noche a enfrentarse a la muerte en aquella farsa hasta que por fin se convirtiese en comida.

Les ofrecí llevarlos hasta un poblado donde prosperar, el mismo al que había acompañado a todos aquellos que había logrado rescatar. Sin embargo Elaida decidió quedarse a mi lado con su joven hermano. No supe oponerme, no quise, porque aquello significaba el final de mi abrumadora soledad.

Desde aquella noche y hasta hoy, continué salvando jóvenes, seguí desafiando el acuerdo, ayudado por la pareja más noble que he llegado a conocer. Sin embargo hoy se han vuelto a manchar mis manos de sangre, sangre de mi gente y de la suya, para vengar su muerte. Y tras llorar amargamente su pérdida dejaré que el Sol bañe mi piel para unirme a ellos, esperando que nuestros corazones vuelvan a reunirse allá donde quiera que sus almas se encuentren.

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